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Seguridad y Derechos Humanos en Unidad Básica de Godoy Cruz

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El jueves 7 de febrero se llevó a cabo una nueva charla del Centro de Estudios Politicos de La Cámpora (CEP). Esta vez, el tema tratado por la Comisión de Derechos Humanos perteneciente a dicho centro de estudios fue Seguridad y Derechos Humanos. La misma se dio en la Unidad Básica  27 de Abril  de La Cámpora en Godoy Cruz ante la presencia de casi 50 militantes.

La charla estuvo a cargo del Dr. Juan Manuel González quien, con buen conocimiento del tema tanto en lo teórico como en la práctica, en tono ameno y didáctico, expuso a la seguridad como una cuestión valorativa cuyo concepto ha cambiado con las épocas.
En algunos casos se trató (la inseguridad) de todo aquello que se opusiera a la religión, como en la Edad Media. Más adelante en el tiempo, se continúa con perseguir y castigar a aquello que se opone al status quo vigente. Eso era considerado lo inseguro y por consecuencia, el mal a combatir.

 

Hacia fines de los años ´60 y ´70 se consideraba peligroso –causante de inseguridad-  las ideas que se salían de lo “normal” de lo oficial, aquello que alterara el orden social. Estas ideas, estos pensamientos que “provocaban inseguridad” se originaban en los jóvenes, a quienes desde siempre no se los consideraba sujetos de derecho, sino tan sólo objetos de derecho. Eran poco menos que cosas. La sociedad de consumo, creando necesidades innecesarias, fue dando valor al tener, al poseer bienes. La inseguridad, entonces se convirtió en el peligro de perder esos bienes.
Para llegar a esto se puede hablar de una construcción mediática: se roba aquello de lo que se provocan deseos de tener mediante los medios. Con el concepto de inseguridad pasa lo mismo: una matanza en EE.UU se presenta como un hecho aislado cuando en realidad es algo casi de costumbre y no se dice que ese país sea inseguro. “Las tasas de homicidios por cada mil habitantes son menores en Argentina que en muchos países que los mismos medios toman como “seguros”. Se trata de construcciones culturales”, dijo el compañero Juan Manuel González.
También se hizo un poco de historia, desde la Chicago violenta de los años post crisis del ´29 y dominada por pandillas o por la mafia, hasta la actualidad. Como común denominador se puede ver la necesidad del sentido de pertenencia de los jóvenes, que en esos años eran utilizados por pandillas por un lado y la forma de combatir esa inseguridad por el otro. En este punto se cayó siempre en la recetas de mano dura, maximizar penas e incluso la misma instauración de la pena de muerte, métodos que se ha probado sobradamente como ineficientes a la hora de prevenir delitos. Las estadísticas están al alcance de todos.

Otros conceptos interesantes que volcó a la charla el compañero González hablan de que los jóvenes están estigmatizados, generan cambios y a la vez se los excluye. Se llega así a un círculo vicioso: se excluye a una persona a la que se la invade con publicidad y trato que le dice que si no tiene tal o cual cosa, no pertenece a nada, esa persona roba para adquirir esos bienes, no tiene trabajo por su apariencia o por el lugar donde vive, entra a la cárcel, lo matan allí,  o cuando sale vuelve a delinquir porque le cierran todas las puertas y le dejan abierta únicamente las del delito. Luego, vuelven a caer presos, sus familias se destruyen y finalmente caen con penas más grandes, ya para no volver a salir.
En Mendoza hay una población carcelaria de 4 mil internos. De ellos, 3600 son varones y 400 mujeres. De esos hombres, el 80% tiene entre 18 y 30 años. Evidentemente, los jóvenes, de menores recursos y con escasa educación son aquellos para quienes están destinadas las cárceles. Una persona de clase media, con delitos de estafas o de aquellos llamados “de guante blanco” tiene casi nulas posibilidades de estar preso.
Las bajas en los índices de inseguridad se pueden lograr, dice el Dr. González, entre otras cosas con mayor inclusión y con participación. Hay cuatro factores que contienen y ayudan a esto: El arte y la cultura, el deporte (clubes sociales y deportivos), la participación política (más allá de las diferencias, la actividad política conlleva un pensar en los demás) y la religión (es notable cómo algunos credos no tradicionales contienen y tienen llegada a los lugares más necesitados).
Por último, dijo Juan Manuel “más participación equivale a menos exclusión y esto lleva a menor cantidad de delitos”. Y agregó: “desde 2003 esto ha sido una constante. Medidas como la AUH (Asignación Universal por Hijo), la obligatoriedad en la escolaridad para acceder a ella, los planes como Conectar Igualdad, la creación del ENARD Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo), sostenido por una tasa de un peso por celular y la posibilidad el voto a partir de los 16 años se tratan de herramientas concretas. Las soluciones mágicas, no existen”.

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