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Ni olvido, ni perdón

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La Justicia llega tarde. Los tiempos judiciales no se condicen con el ciclo de vida de los genocidas, quienes se mueren con procesos judiciales abiertos. El viernes pasado Mario Benjamín Menéndez falleció a los 85 años tras una infección que lo mantuvo tres semanas internado en una clínica.

En 2012 el ex jefe de Estado Mayor del Ejército fue procesado por su accionar en el centro clandestino de detención La Escuelita, en Tucumán, por donde pasaron 1500 detenidos. Ese lugar siniestro se diseño en el marco del Operativo Independencia, cuyo objetivo fue reprimir a los militantes del Ejército Revolucionario del pueblo (ERP).

El recorrido de Menéndez se extiende a lo largo de toda la geografía argentina. Fue Gobernador de las Islas Malvinas, en los finales de la Dictadura, desembarcó en las islas el 7 de abril de 1982 y mantuvo su cargo hasta que firmó la rendición ante los generales ingleses el 14 de junio del mismo año.

Continuando con su trayectoria de violación a los Derechos Humanos en las Islas fue responsable de hambrear a los jóvenes colimbas, a los que envió al frente de batalla, sin preparación, ni ropa adecuada para resistir el frío y caminar sobre la turba, un suelo pegajoso y húmedo. Fue acusado por los soldados sobrevivientes como el responsable ideológico de las torturas físicas a las que sometieron a los soldados.

Con ésta trayectoria el genocida llegó a la vejez, camuflado como un vecino más del barrio de Belgrano, y con una pensión de privilegio obtenida bajo el legajo de ex combatiente.

El reclamo de justicia es inclaudicable como la necesidad de redoblar el compromiso militante para seguir cada proceso judicial, para exigir que los juicios se realicen en tiempos razonables. Es necesario exigir a los jueces que trabajen con el compromiso de impartir justicia para las víctimas del Terrorismo de Estado.

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