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La noche de los bastones largos contra un proyecto de desarrollo nacional

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“Nos hicieron pasar entre una doble fila de soldados, colocados a una distancia de 10 pies entre sí, que nos pegaban con palos o culatas de rifles, y que nos pateaban rudamente, en cualquier parte del cuerpo que pudieran alcanzar. Nos mantuvieron incluso a suficiente distancia uno del otro de modo que cada soldado pudiera golpear a cada uno de nosotros. Debo agregar que los soldados pegaron tan duramente como les era posible y yo (como todos los demás) fui golpeado en la cabeza, en el cuerpo, y en donde pudieran alcanzarme”, manifestó en una carta Warren Ambrose, profesor de matemáticas en el Instituto Tecnológico de Massachusetts y en la Universidad de Buenos Aires (UBA), luego de la represión producida en la Facultad porteña de Ciencias Exactas y Naturales.

La intervención de la Policía Federal, al mando del gobierno de facto del Teniente General Juan Carlos Onganía hacia cinco facultades de la UBA, sucedida el 29 de julio de 1966 es recordada como “La noche de los bastones largos” en la que fueron encarcelados unas 400 personas y al menos 700 tuvieron que emigrar del país, entre las que se destacaban prestigiosos académicos, alumnos y no docentes. Las consecuencias fueron las peores imaginables, no sólo en el proyecto de autonomía universitaria impulsada por intelectuales reformistas de esa casa de estudios, sino principalmente por el golpe brutal que se dio al futuro desarrollo productivo de un país que anhelaba la soberanía económica y la justicia social para su pueblo.

Es difícil entender la saña con que se perpetraron los hechos ocurridos en la prestigiosa casa de estudios durante esa fatídica noche. Fueron de lleno contra los ámbitos productores de conocimiento científico, golpeando los cuerpos que cargan las ideas para reproducirlas en logros sociales, y tuvieron éxito parados en la cima de las montañas de los libros quemados y en las derrotas masivas de las décadas de exilio.

Hoy existe un Estado que retomó las sendas de la articulación social y cultural de aquel proceso trunco hace ya 48 años. Hoy existe una política de estado tanto para un proyecto educativo, como para la ciencia y la tecnología como motores fundamentales del desarrollo argentino. Políticas activas que se manifiestan en las repatriaciones de viejos y nuevos científicos, los desterrados de entonces, medio siglo atrás, y los desterrados económicos de la noche neoliberal, más cercanos en el tiempo.

Desde nuestra organización reivindicamos a todas las víctimas del terrorismo de estado, y bregamos por la vigencia de los valores de memoria, verdad y justicia, así como de la reparación histórica y social, que serán la garantía para que no vuelvan a ocurrir estos delitos, y se retome el camino hacia un país con futuro y movilidad social.

 

 

 

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