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La Cámpora Villa Ballester inauguró las actividades con un taller de derechos humanos

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Los ojitos veinteañeros, brillantes de convicción y espíritu crítico, dispuestos a masticar cada palabra, cada idea, cada recuerdo, cada sueño enhebrado en el telar de la memoria colectiva, para hacer nuestro relato de patria. Así se respiró el aire durante el taller itinerante de memoria, verdad y justicia que compartieron compañeros de La Cámpora Derechos humanos durante la tarde del viernes 21 de marzo, con la participación de militantes de los distritos bonaerenses del Partido de General San Martín, Billinghurst, Villa Maipú, San Martín Centro y Reconquista.
Dispuestos a construir la memoria colectiva del lugar que los vio nacer, el mismo lugar en el que la última dictadura cívico militar escarmentó a su comunidad organizada, y con ella a la sociedad en su conjunto, mediante el plan sistemático de tortura y desaparición forzada implementado por el terrorismo de Estado, ensañado principalmente con los obreros del populoso cinturón industrial, haciendo desaparecer a todo aquel que se configurase como un potencial “enemigo interno”, según los preceptos que infundía la “doctrina de seguridad nacional”.

En un peregrinaje que iba desde los chupaderos (comisarías que servían para detener transitoriamente) hasta su destino final en los cuatro centros clandestinos del Ejército, que funcionaron en Campo de Mayo, (“El Campito”, “La Casita”, “Hospital Militar” y la “Prisión militar de encausados”), iban a parar los detenidos desaparecidos de la zona. Este hecho fue juzgado en el juicio por delitos de lesa humanidad que concluyó en 2007, y que hoy tiene su correlato en la segunda investigación denominada “causa Contraofensiva”.

Un poco más de un centenar de fábricas está resucitando progresivamente gracias al espíritu asociativo y de cooperativas que costosamente, pero con firmeza, vienen llenando de vida y trabajo los viejos depósitos fantasmales de la represión y el desmantelamiento neoliberal de las economías regionales.

Cada pibe lleva en su pecho el puñado de lucha y tierra del barrio, de sangre y compromiso de los compañeros que resistieron. Sabemos que están tomando la posta de la historia, que acompañan el proceso de profundización de justicia junto a los familiares, y que internalizan desde una visión de conjunto las secuelas de los años de plomo. Todos los días necesitamos más pechos solidarios para el telar del futuro que engendra desde el 2003, el proyecto nacional y popular. Ellos lo saben.

 

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